Impresionantes las ruinas de Sukhotai que significa «felicidad creciente»
Aquí he llegado en el bus desde Bangkok. Los del hotel, una familia joven, me dan toda clase de información para ir mañana al lugar en el que se encuentra el parque histórico, así es que, obedeciendo al lugareño me voy en lo que él llama el bus de línea y que yo llamaría: «camioneta con bancos de madera forrados de plexiglás», y que se para para coger y dejar viajeros a demanda.Y allá que voy hasta uno de los accesos principales del parque.
Una vez más, esto es la tónica general desde que inicié el viaje, se te acerca el enjambre de personajes que, por un «módico y negociable precio» te llevará a visitar las diferentes zonas. Contrato a uno después de visitar la ciudad intramuros, que es enorme, rodeada por un foso y a la que se accede por cualquiera de los cuatro puentes.
Leyendo un poco me entero que, aproximadamente era el siglo XIII cuando estaba palideciendo el imperio jemer, que era quien había dominado la zona, y se asoma el nuevo imperio thai, que construye aquí sus murallas, palacios, templos, estupas… conformando la capital espiritual y política del imperio.
Me ha encantado, todavía hay bastantes edificios en pie, algunos en mejor estado de conservación que otros, todos de ladrillo, con sus Budas y correspondientes peregrinos, nacionales e internacionales, que hacen eso, lo que hacen los peregrinos, rezar, hacer ofrendas y sacarse fotos y selfies. Y además los cientos de guiris que vamos por allí observándolo todo e intentando escabullirnos de los vendedores de flores para las ofrendas y souvenirs.
Después me voy con el señor del tuk-tuk a visitar los yacimientos más importantes de los alrededores, que están en un radio aproximado de 5 o 6 kilómetros.
Pago el «impuesto revolucionario» de comer en el restaurante de su familia-amigos y me dispongo a marchar de nuevo a Bangkok, pues mi estancia en Thailandia llega a su fin.
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