Llego al aeropuerto de Bangkok. Es un aeropuerto gigantesco, con miles de locales, turistas, personas en tránsito… Claro! no solo es la puerta de entrada a Thailandia, también es la puerta de entrada a casi todos los países del Sudeste Asiático, es por eso por lo que terminé viniendo a Bangkok tres veces. Como luego comprobaré, Bangkok y su aeropuerto son una especie de caos organizado. Y, una vez superada la confusión del aterrizaje en ese «mega aeropuerto», la amabilidad del personal, la eficiencia y organización te llevan en volandas.
Me ha gustado Bangkok, y creo que algún día volveré de nuevo, quizás aprovechando una escala.
Es una gran ciudad, con esa mezcla de modernidad y tradición. El río Chao Phraya, cruza la ciudad y es muy cómodo embarcar en el «Chao Praya Express», especie de metro fluvial que recorre el centro de la ciudad y te da una perspectiva magnífica de lo que es Bangkok: grandes rascacielos, pequeñas casitas-palafito tradicionales asomadas al río, templos, pagodas, palacios, puentes y barcos, barcos de todos los modelos, grandes, pequeños, privados con restaurante o públicos abarrotados en las horas punta, con varias cubiertas o unos muy característicos, de popa larga, que puedes alquilar como si fuera un taxi. Los embarcaderos son, así mismo, diferentes entre ellos y en sí mismos un lugar a visitar, algunos son continuación del centro comercial de lujo y otros un laberinto de madera, con cientos de puestecillos en los que comprar cualquier cosa que se te ocurra, aunque lo que más se vende son unas medallas doradas, no sé si eran de oro, de Buda.
Por supuesto, visité el Gran Palacio o What Phra Kaew, dicen que tiene más de 100 edificios, ahora sólo lo utiliza el monarca para actos ceremoniales, mezcla de religión y política. Junto al Palacio el templo Wat Pho, en él se puede ver el Buda yacente más grande del mundo, parece que no entra en el edificio en el que está; aquí, en la Escuela de Masaje Tradicional Budista, me dieron un masaje como nunca me habían dado, estoy por volver para que me den otro, la espera mereció la pena.
En los alrededores del Palacio hay un gran parque y, en él muchos puestos de comida, preparada o no, zumos, frutas, ropa, todo artesanal. En un tablado pude ver una demostración de lucha tradicional Thai, unas señoritas danzando con unas uñas de 1 mt. por lo menos y entre ellas un hombre vestido de mujer. Los locales seguían todos estos espectáculos con mucha atención mientras comían lo que habían comprado en los puestos.
En una excursión desde Bangkok me acerqué a Ayutthaya, antigua Ciudad-Estado durante más de 400 años, hasta que los birmanos sitiaron y saquearon y el Reino Thai se instaló en Bangkok. Preciosos sus palacios, templos y estupas, sin el pan de oro presente en otros lugares(no sé si nunca lo tuvo o había desaparecido con el tiempo), con ese color ennegrecido de la piedra abandonada. Y, me tuve que hacer un selfie delante de la cabeza de piedra de un Buda aprisionada entre las raíces de un árbol
Pero lo que más me gustó fue callejear, coger el monorrail, moverme en barco, en alguno de sus taxis color fucsia, ir a sus parques, fotografiar en el Parque Lumpini los varanos que se mueven por él, comer en sus puestos (la comida Thai es deliciosa), visitar alguno de los mega centros comerciales, hasta la manicura y pedicura me hice… Y, sobre todo su gente, amable, educada, juerguista, simpática trabajadora, modernos y a la vez con un puntito tradicional. Eso sí, muy «occidentales» en sus costumbres, vestuarios… Quien espere, al menos en las zonas en las que yo me he movido, ver exotismo, no lo verá. Yo pienso que el turismo lo corrompe todo de alguna forma, y ya cosas como, por ejemplo, los mercados flotantes, están totalmente guionizadas y en todos los hoteles te organizan la excursión correspondiente. Y, también es cierto que, al depender del transporte público para acercarte a los lugares y que todos vamos a los lugares que aparecen en las guías o que hemos visto en reportajes, nos encontramos con esos parques temáticos del turista.
Lo que sí voy a decir, como impresión general del país y sus gentes, es que son un encanto, muy amables, muy educados, muy respetuosos, siempre sonrientes, y tienen esa mezcla de espiritualidad oriental y sus ganas de juerga. Son muy cuidadosos con su aspecto físico, divertidos, currantes…
Ah! y una cosa muy curiosa, en el parque Lumpini de Bagkok, donde ves a la gente haciendo deporte, bailando zumba con monitores,practicando tai-chi paseando o comiéndose un helado, a las 8 de la mañana y a las 6 de la tarde, suena por todos los altavoces el himno nacional y todo el mundo se pone firme hasta que se termina. Eso y que el rey es intocable, nadie lo cuestiona y me dijeron que, cuando sale por ahí en su coche oficial, detienen el tráfico en los puentes por donde va a pasar la comitiva real para que nadie esté por encima de tan importante personaje. Esto último yo no lo ví y no me lo dijeron en Thailandia, yo lo único que vi eran unos retratos gigantescos del rey y su esposa por todas partes.