Aquel verano del 2011, en Portugal, me di cuenta que, en adelante, iba a viajar sola, que era la única forma de viajar en libertad. Cuando viajas sola vas con los ojos, los oídos, la cabecita… con todos los sentidos muy abiertos. Estás alerta y receptiva, te metes de lleno en ese nuevo mundo que se abre ante ti. Dependes únicamente de ti, y, aprendes, vaya que sí aprendes!
Conoces lugares , personas , formas de vida, otras culturas y te das cuenta que el mundo es muy grande, muy rico y que está ahí esperándote con los brazos abiertos, para disfrutarlo, saborearlo, olerlo, vivirlo!