Llego a Chiang Mai, y ya en el taxi desde el aeropuerto puedo apreciar esta joyita.
La ciudad, rodeada de montañas, fue en otra época la capital del reino Lanna Thai o del Reino del Millón de Campos de Arroz.
Y, la verdad, a pesar de la turistada, no tan exagerada como en otros lugares tailandeses, entre sus murallas se respira paz y armonía, quizás sea debido a la gran cantidad de Templos budistas que hay en la ciudad, o tal vez a que nos encontramos en el norte del país , zona fronteriza y en otra época puerta al «Golden Triangle» , en el que se cultivaba la adormidera del opio, dicen, que aquellos bancales dedicados a la «amapola» son dedicados ahora a cultivar hortalizas y legumbres.
Lo que sí es cierto es que las etnias que viven al norte son diferentes a las sureñas, pero… en que lugar del mundo no lo son? Nos empeñamos en crear países por intereses no por etnias, y así, en muchas ocasiones, tenemos más que ver con las personas del otro lado de la frontera que con los de nuestro propio país. En fin, no me voy a meter en estas cuestiones filosófico-políticas, y más ahora que he decidido ser ciudadana del mundo, pues, en lo poco que he viajado, he ido perdiendo el chauvinismo, creo.
Y no solo me he dedicado a las visitas culturales a los Templos, muralla, alguna excursión, además he ido al dentista, sí,sí! al dentista. Se me había roto, hacía aproximadamente un mes, un trocito de la carilla de uno de los dientes de abajo y al pasar los días se iba abriendo el agujerillo más y más, y, mira por donde, en este pueblo me encuentro una clínica dental pasote, mejor que cualquiera de las del mío, y por 20€ al cambio, una doctora encantadora me ha hecho una reparación genial.
A mí, lo que más me sorprende de los Templos budistas que voy viendo hasta ahora, es la cantidad de niños monjes o novicios que se crían y educan en ellos. Dicen que son, en su mayoría, huérfanos y, por lo visto, casi siempre se quedan como monjes en los diferentes conventos, aunque hay algunos que prefieren, cuando llegan a la mayoría de edad, llevar una vida más mundana con esposas e hijos. Lo que sí es cierto es que apenas hay monjas o novicias mujeres, y, si hay no se les ve.
Uno de los días me he ido de excursión más al norte, a la frontera con Myanmar y Laos, y muy cerca de Yunnan(China), en pleno «Golden Triangle».
La gua-gua turística nos ha llevado a ver el White Temple, que a mí no me ha gustado mucho, la verdad. A Chiang-Rai, ciudad fronteriza que, al parecer, su encanto radica en que, en los otros países el juego está permitido y nos han llevado a cruzar el Mekong en un barco. También fuimos a ver el Parque del Doi Inthanon, con unas cascadas y un minirecorrido nada espectacular y dos estupas, del Rey y de la Reina, que por lo visto eran centro de peregrinación de la gente de las tribus cercanas y sus mujeres llevan unas vestimentas muy particulares, como siempre, desde que estoy haciendo este viaje, encantadas de que se les hagan fotos.
En esta zona es donde están viviendo personas de la tribu Padaung, que es la tribu de las mujeres que conocemos como «mujeres jirafa». Esta tribu tuvo que huir de la dictadura de Birmania, que es de donde es originaria y en este momento viven en un «limbo administrativo», ya que no son ciudadanos birmanos ni tailandeses, ni tienen estatus de refugiados.
Ciertamente impresiona verles así, sentadas en esos puestitos en los que venden souvenirs, con sus niños en los brazos, a alguna de las niñas pequeñas ya les han empezado a poner los anillos, que pesan bastante. Ellos dicen que no es sólo un tema estético, que también es seguridad pues los tigres no pueden, de esta forma, atacarles echándoseles al cuello. Pero, si eso fuera así, es lógico que también protegiesen a los hombres, no?
Por otra parte, yo no me atrevo a valorarlo o juzgarlo, pues lo miraría con mis ojos de «blanquita europea» y ese chip he prometido dejarlo en Zarautz. Al fin y al cabo, nosotros también, por estética o por pertenencia a determinada tribu urbana, nos hacemos piercings, tatuajes,escarificaciones, operaciones de cirugía estética,en muchas ocasiones poniendo en peligro nuestra integridad física o psíquica, por que es moderno y guay, y es algo que no tiene vuelta atrás. La cosa es que están ahí, subidas a la tarima, tejiendo pulseras o telas, y que, si no tienen estatus jurídico como ciudadanas de ningún país, poco pueden hacer por cambiar su situación.
Chiang Mai está lleno de Templos budistas, los thailandeses y, en general los asiáticos que voy viendo en este viaje, son personas muy espirituales. Empiezan el día rezando, dando gracias a la vida, siempre acuden a los Templos bien limpitos, hacen sus ofrendas en forma de comida o flores, ponen velas o incienso, tienen en la puerta de sus hogares o negocios un pequeño altarcito con su Buda y sus ofrendas, dan limosna, y, sobre todo, parecen tener una paz y una aceptación de las cosas… Es muy agradable estar entre ellos, excepto cuando hay que negociar el precio del transporte, que eso es un poco más complicado.
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