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Llego a Agra después de un viaje en tren largo y pesado.
El tren tenía su hora de salida a las 14:00, pero, sin ningún tipo de explicación, el tren estuvo más de una hora en la estación con las puertas cerradas, y, la verdad, estar casi 2 horas en un andén de la estación de New Delhi no es nada idílico, aunque a los hindús no parece molestarles, se sientan o se tumban en el suelo y, esperan. Eso sí a la hora de entrar, a pesar de que tenemos asientos numerados todo el mundo entra a empujones, por lo que tienes suerte si no te saltan un ojo. Luego descubrí que son así te empujan y entran por delante en cualquier sitio, tienda, medio transporte, cola para cojer un ticket y si les afeas su conducta, encima mujer y extranjera… te fulminan con la mirada. La clase 3ª ,que era la que tenía yo, no era tan terrible como me imaginaba. Tiene unos compartimentos, sin puertas, a un lado del pasillo 3 literas, enfrente otras 3, y al otro lado del pasillo 2 literas a lo largo de la ventana. Yo estaba en la de abajo del grupo de 3, lo bueno es que durante el día la del medio suele estar plegada y vas sentada perfectamente. Hubiera sido genial, si no hubiera llegado con casi 4 horitas de retraso sobre el horario previsto. Así que, llegué de noche a Agra, taxi y al hotel.
No sé muy bien como describir el hotel, era un edificio antiguo, en el barrio musulmán, con las calles de tierra, con un patio central, con escaleras y flores, al que daban las ventanas de las habitaciones y los baños. Las paredes pintadas en colores nada relajantes, un recepcionista nada simpático, y dos terrazas arriba, que eran el comedor y sitio para estar con unas vistas al Taj Mahal (lo reservé por esto) espectaculares. De mi habitación sólo puedo decir que no estaba muy bien iluminada y eso era lo mejor, pues así no podía ver el color indefinido de la ropa de cama, del cuarto de baño, bufff… el desagüe del lavabo era un tubo de plexiglás que desembocaba en un agujero en el suelo… saqué el saco sábana que llevo para esas ocasiones y me dije, estoy aquí y aquí me quedo. Salí a cenar y entré en un restaurante cercano, en el que cené muy bien. Me atendió un hombre con turbante muy amable, que se empeñó en darme conversación durante toda la cena. Y, por cierto, desde la terraza en la que estaba cenando, también se veía el Taj Mahal, como se vé desde la mayoría de las terrazas de la zona. Me muero!, y yo, en el cutrehotel.
Después de dormir un montón, la verdad es que estaba cansada, ducha desayuno y a pulular por Agra, pues he decidido ir al Taj Mahal al día siguiente a ver amanecer, abren desde que sale el sol hasta que se pone. Cierran los viernes, no hay que olvidar que son musulmanes.
Según salgo, se me acerca un tuk-tuk, y, a la pregunta que oiré millones de veces en India, «mam tuk-tuk?». Le digo al chofer que sí, que cuanto por ir al Fuerte Rojo, y, empieza la negociación (que a mí se me da fatal), llegamos a un acuerdo, 1.000 rupias y me lleva a ver 3 sitios: el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah, Mehtab Bagh y el Fuerte Rojo.
Cuando Mani, que así se llamaba el driver, iba a arrancar, se acercó un hombre muy sonriente y me preguntó si me podía sacar una foto de uno de mis pendientes, pues él era diseñador de joyas y le gustaba el diseño. Le dije que sí, y, me pidió que, cuando acabara con mis visitas culturales, me pasase por su establecimiento para enseñarme sus joyas y regalarme un anillo por el favor que le había hecho.
Mani me llevó primero a ver el Mausoleo de Itimad-Ud-Daulah

una joya. Algunos le llaman «el pequeño Taj», pues hay quién lo considera un boceto del Taj -Mahal. Precioso edificio de mármol blanco, labrado como si fuera encaje, con ese estilo persa tan meticuloso, flores, figuras geométricas, con incrustaciones de piedras preciosas, en medio de un jardín perfecto, maravilloso. La puerta de entrada es prácticamente igual que la del Taj-Mahal, de arenisca roja con incrustaciones de mármol.
Después fuimos a ver los jardines de Meghtag Bagh, o Jardines de la Luna

separados por el río Yamuna del Taj-Mahal. Estos jardines son simétricos a los del Taj, y, dicen que, el emperador Shah Jahan, pensó construir en ellos su mausoleo, ya que las vistas del Taj desde aquí son increíbles, y calculo que con la luna llena que había ese día, la imagen del Taj debía de ser perfecta desde estos jardines. Pregunto si puedo venir a sacar fotos a la noche y me informan que está cerrado por las noches y que la policía patrulla. Que pena! pues ya me he dado cuenta de que es imposible fotografiar el Taj con la luna llena iluminándolo desde ningún otro lugar .
Luego fuimos a ver el Fuerte Rojo

llamado así por estar construido con arenisca roja. Es un fuerte amurallado con varios palacios y dependencias dentro, alguna de mármol, rodeado de un foso, que se llena de agua procedente del Yamuna.

Terminadas las visitas concertadas vamos a la joyería de este señor. La joyería, en nuestro país, no pasaría de ser un txiringo abandonado de collares y anillos de feria. Es cierto que las gemas parecían de verdad, el oro (si es que era oro) con ese color de latón ajado, los diseños?… del siglo pasado, y, todo metido en vitrinas de cristal que desconocían el «cristalux». Me senté. me trajeron agua embotellada fresquita y un té chai. El tipo, creo que se llamaba Pra, empezó a hablar y hablar, me habló de ayurveda, de que él vivía en Bombay, donde tenía su empresa de importación-exportación de gemas, me agarraba de las manos, pues el al parecer tenía no se qué poderes, me tomó la medida del dedo y dijo que le iba a poner un rubí, pues es la piedra de los nacidos en Octubre, y yo que creía que era el ópalo…
Apareció su hermano, que también era joyero, y trajeron comida, que nos comimos en la tienda. Los hombres, de pie, comieron en un mostrador de espaldas a mí, y yo sentada en el otro mostrador comiendo pollo con arroz y las chapatis, que se mantenían calientes envueltas en periódicos. Ellos comen con las manos, a mí me trajeron una cuchara de plástico.
Terminamos de comer y seguimos hablando, la verdad no sé muy bien de qué, mi inglés no da para tanta conversación. En un momento me dijo que yo era una butterfly, y yo le dije que no me gustaba, pues las mariposas no viven más que un día, y se rieron.
Quedamos para el día siguiente, cuando terminase la visita al Taj, para comer con su familia, pues era Holy. Yo, hubiera matado por celebrar esa fiesta en un entorno hindú, en vez de esas fiestas que se ven de guiris desmadrados por la calle. Y, estos tíos me invitaban a pasarla en familia y, además me mandó a la tienda de su primo a vestirme de forma tradicional, y a la casa de su hermana a que me hicieran unos tatuajes de henna .
Salí de la tienda de su primo con un traje rosa, que creo que pagué 3 veces lo que valía, a pesar de negociar durante un tiempo interminable y a las 7 me vino a buscar Mani para ir a lo del tatuaje de henna.

Me llevó por unas callejuelas hasta una casa, me metieron en una habitación y me sentaron en la cama. Entraban y salían mujeres, niños y algún adolescente, me sonreían, se decían algo entre ellos y se reían, y yo, no me enteraba de nada. Terminé saliendo de allí con mis dos brazos tatuados, la chica una artista, me dijo que no me podía lavar en dos horas y me fuí a mi hotel a cenar y dormir, que al día siguiente era el gran día: por la mañana Taj Mahal, uno de mis sueños y después Holy con una familia hindú, iba a ser un día perfecto…
Cómo te dejas llevar…es alucinante. Espero que sean todos muy buenos jaja