Namasté Katmandhu

By bizipox
This post is part of a series called Nepal

Bastante gente me dijo: a Nepal? si todavía está roto… Y yo les decía, pues precisamente por eso voy. No es que me guste ver desgracias, pero  Nepal vive del turismo y el montañismo y, si dejamos de ir, como van a conseguir reconstruir todo lo que  un 25 de Abril del 2015 dejó por los suelos, perdiéndose para siempre vidas, poblaciones, monumentos, caminos…

Ya sé que yo no puedo hacer gran cosa, pero, algo es algo.

Llego en un vuelo de Delhi a las 21.35, después de los correspondientes trámites de visado, aduanas y demás, veo como cierran la oficina de cambio de moneda en mis narices. No importa, salgo y busco al transporte que, se supone, me ha mandado el hotel, entre una nube de taxistas que ofrecen sus servicios, cuando veo que mi nombre no aparece en ninguno de los letreros, me voy detrás de un taxista que me mete en su taxi, en el que ya tiene una coreana que no me dice ni hola, me llevan a mi hotel y me cobra un precio abusivo en dólares, ya empiezo a ayudar a la economía patria!

Llego al hotel, el dueño es muy amable, pero, una vez más, me acuerdo de los familiares de los clientes que le han dado una puntuación alta. La mitad de las luces de la habitación no funcionan, me digo, siempre positiva, mejor! así no veo el color incierto de la toalla. El ventilador no tiene clavija , los cables pelados al final y, si quieres, los enchufas. El wifi va bastante bien a pesar de los constantes cortes de luz generales en todo Nepal. Bueno, estoy cansada, a dormir,  mañana será otro día!

Me despierto temprano, mejor dicho, me despiertan los obreros de una obra cercana. El panorama desde la ventana es desolador, un montón de escombros y un edificio en construcción. Desayuno y me voy a callejear.

Lo primero, todo el mundo te saluda, juntas las manos delante del pecho y con una ligera inclinación de cabeza y una sonrisa: Namasté!.P1020731

Katmandhu es una ciudad muy activa, bulliciosa, mucho tráfico, pero sobre todo, un año después, hay  todavía muchos escombros, casas y templos apuntalados, algunos son verdaderas joyas. Las calles rotas, polvo y suciedad. Los tenderos ofreciendo a gritos sus productos: souvenirs, ropa de montaña, jerséys de lana, pantalones y camisas de algodón, todo muy barato y negociable, eso sí, con un polvo todas las prendas… y un olor, yo creo que a zotal… Los ricswas y taxis casi te persiguen ofreciendo sus servicios. Y miles de negocios en los que ofrecen treckings, excursiones, rafting, escalada, lo que quieras.

Y muchos, muchos turistas callejeando. Y cientos de restaurantes, bares, hoteles de todas las categorías.

En algunas zonas, todavía hay campamentos, con tiendas  letrinas, dispensario de campaña …Tremendo!

Parece ser que las ayudas internacionales ya se han olvidado y, prácticamente, solo están los japoneses. Y,me dicen que esas ayudas a la gente no han debido llegar, deben de estar en algún recoveco de la maquinaria burocrática del gobierno.

Primero me voy a ver el templo

Swayambhunath

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o templo de los monos, pues está lleno de monos. Este templo está en una colina y creo que me pierdo un poco por el camino y no voy por el camino más corto. Me paro en el camino a tomarme un té y entablo conversación con dos nepalís, uno de ellos después de preguntarme de donde soy, me pregunta si quiero casarme con él, nunca había tenido un noviazgo tan corto, jajaja!.

Más que un templo, es un conjunto de varios templos, con muchos peregrinos,  turistas, tenderetes de todo tipo, muchos monos… Está en medio de un bosque y  de los árboles cuelgan las banderas de oraciones que venden por metros en todas partes.

El templo principal está parcialmente destruído.

Aquí tengo mi primer contacto con el clero budista. Una sorpresa, van en moto, llevan teléfonos y tablets de última generación, se hacen selfies… Y yo que creía que no poseían bienes materiales, solo la escudilla para mendigar la comida…

Ha merecido la pena la caminata bajo el solazo!

Vuelvo al centro, después de bajar un ciento de escaleras. Por el camino me paro en una txabola de comidas y me como un plato de «momos» delicioso. Los momos son unos paquetitos de pasta con verduras y a veces pollo con salsita picante, muy ricos.

Después me voy a la

Durbar Square

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en otros momentos una joya, y, lo sigue siendo, a pesar de los escombros, de los templos y estupa caídos, todavía, aunque apuntalados, tiene muchos edificios emblemáticos. Me tomo un lassi en una de las cafeterías con terraza que hay alrededor, que tienen unas vistas de la plaza perfectas, cobran por entrar en la plaza y, como voy a volver, ya lo disfrutaré a la vuelta con más detenimiento.

Y sigo callejeando, en cada esquina te encuentras con un rincón precioso, templos, estupas… algunos apuntalados. Esta noche me voy a dar un homenaje y me voy a cenar a un restaurante de lujo. Ceno muy bien, hay un espectáculo de danzas tradicionales, y me dan a probar lo que, según ellos es vino y lo que es, es orujo .

Al día siguiente, temprano me marcho para Pokhara unos días.

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valle de Katmandu

Ya he vuelto de mis minivacaciones de relax, otra vez al ajetreo de Katmandhu.

Primero tengo que arreglar cosas con Santosh, quedé muy mal con él, por ese error de información. Busco su agencia y contrato un vuelo que sobrevuela los Hinmalayas y un tour a Bhaktapur, su oficina no es la más barata, pero me siento en deuda.

Bhaktapur

Vamos Santosh, un taxista y yo, hay que pagar por entrar en la ciudad y nos acompaña un guía local. Esta ciudad, como todo lo que está en el valle de Katmandhu ha sufrido bastante con el terremoto, aún así, es una maravilla y las explicaciones del guía perfectas. Están preparando unos carros para la fiesta del pueblo, y que es una especie de competición, todo en plan muy medieval.

Estamos toda la mañana, solo por la zona monumental, y,se me pasa en un pis-pas.

Vuelo Hinmalayas

Después del » fracaso» de la vista de los Annapurnas ,he decidido que esta vez sí, me he pillado un vuelo turístico que sobrevuela los Hinmalayas, y, encantada!

Salimos tempranito, recién amanecido, el vuelo sólo sale si hace bueno.

Es una avioneta pequeña , vamos 2/3 de los asientos ocupados, somos una docenita .

Un vuelo perfecto, el piloto nos va comentando todo el tiempo el nombre de las montañas que vemos, la azafata, que no pierde la sonrisa en ningún momento, ayuda, nos dice cuando movernos  al otro lado para sacar las mejores fotos. De uno en uno, cuando estamos a la altura del Everest, vamos pasando a la cabina de mando para sacar fotos desde ahí, y, vuelta al aeropuerto, una nueva visión de la cordillera desde el otro lado, nos obsequian con champán francés y una fotografía del Everest, que, una pena! no llega a destino .

Impresionante!, es lo más cerca que estaré nunca de las más grandes!

Ya de vuelta en Katmandhu me dedico a pasear, alguna compra, terracitas con cerveza, relax…

Una mañana, estaba un poco perdida, se me acerca un joven preguntando si me puede ayudar, me lleva a ver su escuela de pintura, es pintor de mantras, con oro y pintura, me presenta a su maestro, aprecio su pintura, pero les digo que no compro nada, y el chico, muy amable, se ofrece a acompañarme hasta el hotel, me invita a un té por el camino, cuando llegamos al hotel le digo que yo voy sola, me dice al estilu hindú, no happy?ok! y se marcha.

Me marcho de Nepal y sólo puedo decir que, a pesar de las condiciones en las que viven muchos, de pobreza, sin casas, sin nada, entre los escombros, han perdido sus negocios,  ahora la mayoría se dedican a la construcción, parecen felices, cantan, bailan, no pierden la sonrisa. Tenemos mucho que aprender de ellos!

Namasté.

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